15/nov/2011
Hoy es necesario ajustar al máximo los costos de producción recurriendo, todo lo que sea posible, al alimento más barato: el pasto cosechado por los propios animales.
Por: Héctor Ariel Molinuevo
Mientras tanto, se encuentran en producción (o tratan de estarlo) las hijas y las nietas de aquella "buena genética" importada, buena para los sistemas Norte Americanos. Entonces aparecen con toda claridad, en muchos tambos, algunos elementos que afectan la eficiencia (económica y biológica) de producción.
Estos elementos son varios, edad y peso a la concepción y al parto de las vaquillonas, evolución del peso posparto, vida productiva, tasa de reposición, etc.; pero entre todos ellos, nos parece conveniente centrar la atención en el largo de lactancia y en el intervalo parto-concepción, en particular en las vaquillonas de primera lactancia, pues ellos se convierten en verdaderos sensores del ajuste entre las condiciones de manejo y el potencial genético de las vacas.
Largo de lactancia y eficiencia reproductiva
El objetivo de un planteo para una eficiente producción lechera consiste, entre otras cosas, en obtener el primer parto de las vaquillonas entre los 24 y 26 meses de edad, y la concepción entre los setenta y noventa días después del parto, manteniendo una lactancia de trescientos días, apuntado a que la vaca tenga una producción láctea por año de vida. Para alcanzar estos índices productivos es indispensable que exista un estricto ajuste entre las condiciones alimentarias y la potencialidad genética de producción de las vacas empleadas, aparte de óptimas condiciones sanitarias que son indispensables siempre.
Este ajuste es necesario puesto que la fisiología que regula el metabolismo de la vaca lactante determina que la hembra en lactación trate de alcanzar toda la producción para la cual está potencialmente dotada por su genotipo. Si esa vaca no está alimentada de acuerdo a los requerimientos de mantenimiento y de su producción potencial, su propio programa metabólico impulsa su organismo a recurrir a reservas de alimento corporales para cubrir el déficit entre el alimento requerido y el que le es suministrado. Pero este déficit energético, como el de la economía, no se puede mantener indefinidamente sin pagar un alto precio.
El organismo de la vaca lactante que recurre a sus propias reservas corporales para cubrir el déficit de alimento al que está sometido, se cobra tratando de reducir el déficit acortando la lactancia y cancelando otras funciones como la de disponerse a entrar en gestación. Así pues, la extensión de la lactancia e intervalo parto-concepción se constituyen en verdaderos sensores del equilibrio en el que se encuentran, mutuamente, el potencial genético y el sistema.
El desequilibrio entre estos dos factores, genética y sistema, se pone en evidencia con lactancias cortas e intervalos parto-concepción largos. Para restablecer el equilibrio se hace preciso mejorar el suministro de alimento, en el corto plazo, y en el mediano, recurrir a un potencial genético que pueda ser totalmente cubierto con el nivel alimentario que caracteriza el sistema. Ahora bien, el régimen alimentario basado en el pastoreo que caracteriza a la región pampeana argentina, está en condiciones de cubrir los requerimientos de una producción de leche moderada por vaca en lactancia, con el agregado de una razonable suplementación.
Las altas producciones de leche por lactancia a las que se ha llegado mediante la acción combinada de la selección genética y las mejoras en el cuidado de los animales característicos de los sistemas intensivos de producción, exigen, para la manifestación de ese alto potencial, el estricto ajuste entre este gran potencial genético, el suministro de alimento y las demás condiciones ambientales. Para lograr ese equilibrio, el régimen de producción en pastoreo con algo de suplementación no alcanza. Ello pudo haber sido intentado, con éxito relativo, a un precio por litro de leche que fue alrededor del doble que el actual, permitiendo una suplementación de calidad adecuada y suficientemente abundante. No ahora.
Hacia una genética pampeana
Las crisis llaman a la realidad. Es posible que con la leche a mayor precio se justifique la importación de la genética del Norte de Norte América; en tal caso habría que importar también, en estricta coherencia, el dairy farm de los estados del Norte de Estados Unidos o de la zona limítrofe de Canadá. Aun así, ¿por qué habría de pagar el consumidor un precio muy superior por un producto que puede ser obtenido a menor precio con las características ecológicas pampeanas? Lo más sensato parece profundizar el camino por el que ha transitado, por accesibilidad y necesidad, el sistema de producción argentino, sistema caracterizado por la mayor utilización posible del recurso más barato, el pasto cosechado directamente por los animales, para lo cual tendrá que buscar la genética ajustada a ese sistema, un desafío razonable con altas posibilidades de éxito.
Digamos para terminar que esto se hace necesario ahora no sólo por la coyuntura del precio de la leche, que todo hace pensar que se mantendrá por mucho tiempo, aunque sea inconveniente predecir nada, sino que se hace imprescindible porque el aumento del potencial genético alcanzado en la producción lechera individual en condiciones intensivas, es enorme. Antes de que la mayor parte de este gran incremento del potencial genético fuera alcanzado, especialmente en las últimas dos décadas, el desajuste entre genética y sistema podía pasar desapercibido. Ya no. Ahora tenemos frente a nosotros la misión de seleccionar nuestra propia genética para el sistema o de importar todo: genética y sistema, alternativa que no parece realista.
Fuente: INTA EEA Balcarce